¿Por qué nos enganchamos al azúcar?

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Seguramente, la adicción más común y predominante hoy en día es la del azúcar. Como toda espiral adictiva, se inicia en una mente estresada y hace que cada vez nos alimentemos peor. Para poder romper este círculo vicioso, primero hay que comprender cómo funciona.

 

La adicción al azúcar va en aumento en todo el mundo y es la primera causa de múltiples enfermedades y de la mala salud de la población en general. Pocas personas, sin embargo, se dan cuenta de que la adicción a esta sustancia tan nociva constituye, a su vez, el origen de otras adicciones (al alcohol y otras drogas legales e ilegales) y de otros vicios como el juego, el sexo, las compras compulsivas y el trabajar a todas horas.

La mayoría de las personas con problemas de adicción suelen pensar que su compulsión u obsesión es la peor de todas las adicciones posibles. Lo que juega un papel determinante en el proceso adictivo es contar con un cerebro de naturaleza adictiva.

Alimentar el cerebro con premios artificiales constituye un primer problema que debe tratarse, si realmente se desea acabar con cualquier tipo de adicción. El cerebro se ve moldeado por nuestro estilo de vida, el cual influye en nuestras acciones. En el caso de una adicción, esto significa que buscamos hábitos nada saludables para recompensar al cerebro. Se trata de un proceso altamente complejo, que funciona más o menos así:

  1. Algún tipo de estrés —físico, bioquímico o mental-emocional— afecta al cerebro.
  2. Estos estresores afectan al metabolismo corporal de una manera nada saludable.
  3. El estrés nos lleva a querer comer hidratos de carbono refinados.
  4. Los antojos de dulce nos pueden llevar a comer de manera más desordenada.
  5. A continuación, tomamos medicamentos o hacemos otras cosas para recompensar al cerebro estresado.
  6. Esto nos lleva a lo que se conoce como adicción.
  7. Puesto que una dieta pobre daña todavía más al metabolismo, la grasa corporal suele aumentar. (Incluso aquellas personas que no acumulan grasa corporal tienen el mismo metabolismo que una persona con sobrepeso.)
  8. Y el ciclo se retroalimenta…

A medio y largo plazo, los alimentos ricos en carbohidratos pueden afectar muy negativamente al cerebro —pues influyen en el metabolismo y generan más antojos—, mientras que el estrés y los malos hábitos alimenticios constituyen los dos principales factores que retroalimentan el ciclo de la adicción.

 

Estresores de la vida diaria

En “El estrés como factor de riesgo habitual en casos de obesidad y adicción”, estudio sobre este tema publicado en la revista Biological Psychiatry (mayo de 2013), los doctores Rajita Sinha y Ania Jastreboff, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, revisaron a fondo la correlación entre estrés y adicciones, la cual también está siendo investigada por otros expertos en este campo.

Mi punto de vista es totalmente médico, pues llevo muchos años ayudando a las personas a librarse de las causas de sus adicciones. Y puedo afirmar que el estrés constituye, casi siempre, un factor determinante. El estrés se presenta en múltiples formas y suele tener un papel protagonista a la hora de iniciar cualquier espiral adictiva.

  • Estrés físico, como problemas musculares y articulares, una boca mal cuidada, dolor en el cuello o los pies, demasiadas horas sentado, una mala postura o una zancada irregular.
  • Estrés bioquímico, como el desequilibrio hormonal, los problemas digestivos, una dieta pobre, consumo de drogas (alcohol y cafeína en exceso, nicotina, cocaína, etc.), consumo de medicamentos.
  • Estrés mental-emocional, como el que generan las relaciones personales insatisfactorias, tanto en el plano personal como en el profesional. También puede deberse, en parte, al dolor físico, a una lesión cerebral, confusión (o falta de comprensión) sobre la propia salud —cómo alimentarse o ejercitarse de manera satisfactoria— e, incluso, puede deberse a que no se es consciente de que se tiene una adicción.

La acumulación de estrés afecta negativamente al cerebro, lo cual merma el metabolismo porque produce niveles anormales de azúcar en sangre y de insulina, lo que lleva a sufrir antojos de carbohidratos refinados. Una forma muy habitual de buscar la recompensa es comiendo dichos carbohidratos, es decir, azúcares. Comer este tipo de alimentos afecta al centro de recompensa del cerebro. De ahí a la adicción hay solo un paso y, si no se trata este factor clave, el círculo vicioso se perpetúa.

Dicho círculo conlleva un aumento de la grasa corporal, del peso y del IMC, lo cual nos lleva a comer de manera más desordenada y nos genera todavía más estrés. Mientras que a algunas personas, el estrés les quita el apetito, otras muchas empiezan a comer más y peor, pues pasan a picotear comida basura a todas horas.

Abordar las adicciones eliminando sustancias secundarias como el alcohol, la nicotina o la cocaína constituye un paso positivo en el proceso de desintoxicación. Sin embargo, puede que esto no llegue a romper el círculo de la adicción porque los principales problemas en el cerebro y el metabolismo —que son los que influyen en la ansiedad y la necesidad de recompensa— siguen estando ahí. A menudo, la persona encuentra otra sustancia adictiva o simplemente continúa premiando al cerebro con azúcar, por lo que mantiene la adicción.

Echemos un vistazo más amplio y detallado al mecanismo de la adicción.

 

Sobreesfuerzo mental

Los mecanismos de los sistemas hormonal y nervioso son los que moldean la respuesta del cerebro al estrés. Si bien dichos mecanismos tienen por objeto ayudar a adaptarnos al estrés, cuando este es sostenido puede hacernos caer en trastornos alimentarios y conductas adictivas, además de resultar en: una merma del sistema inmune, inflamación crónica, alteración del metabolismo de la glucosa e intolerancia a los carbohidratos. Algunos síntomas finales de esta situación son:

  • Incremento de la grasa corporal
  • Aumento del peso corporal
  • Fatiga
  • Lesiones físicas
  • Dolor
  • Disfunción intestinal
  • Infecciones y otras dolencias (como alergias y asma)
  • Más hambre
  • Antojos de dulces
  • Mala calidad del sueño
  • Desequilibrio hormonal
  • Síndrome metabólico
  • Síndrome del sobreentrenamiento (en personas que se ejercitan)

Cuando el estrés se vuelve crónico, empiezan a desarrollarse ciertas enfermedades:

  • Diabetes
  • Alzheimer
  • Cáncer
  • Enfermedades cardiovasculares
  • Otras condiciones asociadas, tales como: presión arterial alta, ictus, niveles altos de colesterol y triglicéridos, cierta disfunción cognitiva como la pérdida de memoria, y una mala calidad de vida.

 

La comida como recompensa

Buscar la recompensa en los alimentos es un problema de conducta muy habitual cuando se está sometido a estrés, siendo el azúcar el alimento más utilizado. Seguir consumiéndolo hace perseverar el círculo vicioso del estrés, pues desencadena el deseo de recompensarse con azúcar, lo cual termina en adicción y un estrés metabólico todavía mayor.

Básicamente, tal y como afirman los investigadores Sinha y Jastreboff, el estrés potencia las ganas de comer dulces y otros carbohidratos refinados. Asimismo, el estrés reduce el control emocional, visceral y conductual, y aumenta la impulsividad, lo cual provoca una mayor necesidad de recompensa.

Por si esto fuera poco, el cerebro necesita muy poco tiempo para aprenderse el circuito de recompensa, ya que en la negociación de las respuestas conductuales y cognitivas están implicados los procesos de la memoria y las emociones.

Deseamos alimentos dulces porque estos estimulan las vías de recompensa del cerebro y lo hacen a través de los mecanismos de aprendizaje y acondicionamiento, lo cual aumenta la probabilidad de que queramos todavía más azúcar, pues esta sustancia blanca actúa del mismo modo que el alcohol, la nicotina y la cocaína. Asimismo, los estudios muestran que las personas con más grasa corporal tienden a desear más recompensas.

Hace ya muchos años vi claras las pautas clínicas de estos patrones adictivos y el enfoque más eficaz a la hora de tratar la adicción, tanto para mis pacientes como para mí, era bien simple: eliminando en primer lugar la adicción al azúcar, todas las demás adicciones y otros problemas similares resultaban mucho más fáciles de erradicar.

 

La solución: romper el círculo de la adicción al azúcar

Hasta hace poco tiempo, la mera mención de la adicción al azúcar era contestada con preguntas del tipo, “¿Cómo dices?” o “¿Qué estudios lo demuestran?”

Actualmente, numerosos médicos, investigadores y muchas otras personas se han subido al carro de la adicción al azúcar con una nueva pregunta compartida: “¿Cómo puedo saber que ya no soy adicto al azúcar?” Al igual que con otras adicciones, la respuesta corta es muy simple: cuando el azúcar ya no te controla. O más importante aún: cuando la propia adicción ya no te controla.

Otras maneras de saberlo son estas:

  • Cuando el diablo del azúcar ya no te tienta.
  • Cuando dejas de argumentar que los hidratos de carbono refinados forman parte de una dieta saludable.
  • Cuando dejas de creer que los seres humanos dependen de la glucosa.
  • Cuando finalmente comprendes que el azúcar te aporta una energía que no es duradera ni saludable.

Tras revisar algunos de los mecanismos que subyacen en este problema tan habitual y otras adicciones secundarias, di con la clave para remediarlo: romper el círculo vicioso. No es que quiera simplificar en exceso una condición fisiológica emocionalmente tan dolorosa y compleja, pero lo cierto es que, al romper el círculo, reducimos el estrés, sobre todo el que proviene de la dieta. Basándome siempre en el principio de individualidad, sé por experiencia que hay dos primeras cosas que todo el mundo puede hacer:

  • Elaborar una lista de estresores (tal y como explicamos en el artículo titulado “Simplificando el estrés”). Esto permite organizar las principales tensiones físicas, bioquímicas y mental-emocionales, de tal manera que la persona puede empezar a eliminar algunas, reducir otras y ayudar al cuerpo a adaptarse mejor a los pocos estresores que le queden.
  • Realizar el test de las 2 semanas. Con solo reducir el exceso de hidratos de carbono de la dieta, estas 2 semanas permiten romper el círculo vicioso del estrés. De este modo, la persona aborda la adicción al azúcar y aprende a individualizar sus hábitos alimenticios de una manera saludable e intuitiva.

Al deshacernos de la adicción al azúcar y reducir otros factores de estrés, estaremos abordando el origen de todos los procesos adictivos, lo cual puede llevarnos a dejar otros malos hábitos que podamos tener.

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