Diez verdades sobre las lesiones deportivas

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Las lesiones deportivas tienen más en común con los traumatismos por accidente de lo que parece.

Por el Dr. Phil Maffetone

Traducción de Ester Galindo

 

Ahora que las lesiones están en alza en casi todos los deportes —solo el CrossFit cuenta ya con un 74 por ciento de lesionados—, es importante entender que estos problemas no son fortuitos o normales y que, por lo general, se pueden prevenir. Los sucesos que conducen a una lesión por traumatismo en el deporte suelen ser el verdadero origen del problema.

El hecho es que sabemos un montón de cosas sobre la naturaleza del traumatismo deportivo. Y aunque los orígenes sean diferentes, existe una sorprendente similitud entre lo que les ocurre a los atletas y lo que experimentan los pacientes con traumatismos que acuden a urgencias. Catalina Dudick es cirujana de traumatología en el AtlantiCare Regional Medical Center de Atlantic City, Nueva Jersey, y ex presidenta del comité para la terapia nutricional del hospital. Además, es triatleta y atleta de resistencia, por lo que para ella es fácil entender que los pacientes con traumatismos y los deportistas comparten complicaciones muy similares.

A nivel celular, un traumatismo y el ejercicio físico se parecen, pues la inflamación es la respuesta más habitual a ambos“, sostiene la Dra. Dudick. “Y, aunque la inflamación forma parte del proceso de curación, también puede causar una lesión mayor.”

Teniendo esto en mente, veamos las 10 verdades sobre los traumatismos deportivos.

  1. Los traumatismos ocurren.

El traumatismo puede presentar múltiples formas: desde la más grave y evidente, como puede ser un accidente (de tráfico u otro tipo), como la más cotidiana y aparentemente de menor importancia, como el microtrauma causado por cualquier movimiento repetitivo. Este último puede aparecer al realizar actividades aparentemente tan inofensivas como caminar; aunque, sin duda alguna, suele producirse al correr, ir en bici y nadar. Mientras que un microtraumatismo agudo constituye el estímulo necesario para que el cuerpo siga mejorando su rendimiento, el hecho de sobrepasar este punto y aumentar en exceso el volumen y/o la intensidad del entrenamiento, puede ocasionar traumatismos más graves y dar lugar a lesiones.

“Desde el punto de vista de tu cuerpo, un entrenamiento adecuado mejora tu salud y tu rendimiento; pero si lo haces mal, no es nada más que un traumatismo programado”, afirma la Dra. Dudick.

Los traumatismos deportivos acaparan los titulares, al igual que las graves lesiones sufridas en un accidente de tráfico o de trabajo. Los atletas profesionales se lesionan cumpliendo con su deber. Ciclistas profesionales y recreacionales se la pegan con la bici. Incluso las personas que no practican deportes de contacto sufren un elevado número de lesiones —hasta los aficionados al aeróbic y los usuarios de las máquinas y pesas del gimnasio.

La Dra. Dudick afirma que, si bien el traumatismo forma parte del deporte y de la vida en general, no debería verse como algo inevitable ni aceptable.

“De acuerdo que no es algo intencionado, pero tampoco es ningún accidente que los coches choquen y los tendones se rompan”, razona la Dra. Dudick. “Aplicando la tecnología y la información, es posible implementar múltiples mecanismos de seguridad, como usar el casco, evitar conducir distraídamente y seguir un programa de entrenamiento que combine el ejercicio y el descanso de manera adecuada, a fin de que haya menos probabilidades de que se produzcan traumatismos y estos se toleren mejor, cuando se produzcan”.

  1. Las lesiones y la mala salud se deben a traumatismos por exceso de ejercicio.

Los traumatismos pueden ser tanto físicos como químicos. Ambas formas son habituales y están tan entrelazadas que no resulta fácil separarlas, salvo en la teoría. Los problemas físicos incluyen desequilibrios neuromusculares y otros daños en tejidos blandos (tendones, ligamentos, piel, etc.), así como fracturas y demás lesiones óseas. El trauma químico también puede tener un papel destacado en este tipo de lesiones y puede incluir problemas que afectan a todo el cuerpo: pulmones, sistema inmunológico, intestino, cerebro y otras áreas que merman la salud y la condición física.

  1. Lesionarse no es normal.

Casi todas las lesiones que he visto en atletas de resistencia eran consecuencias inesperadas de algún traumatismo sufrido durante el entrenamiento o la competición. También he visto cosas que son de esperar, como las lesiones de dos enormes jugadores de rugby al chocar entre sí a toda velocidad, con dislocaciones, latigazos y contusiones. Si bien esto podría considerarse lo que llamamos una consecuencia normal de jugar al fútbol u otros deportes de contacto, en realidad todos estos deportistas tienen más probabilidades de lesionarse durante el entrenamiento sin contacto. Para los atletas de resistencia, todo esto no forma parte de su día a día, excepto cuando sufren un accidente o se tropiezan (normalmente, debido a un error humano).

  1. Los pacientes con traumatismos y los deportistas tienen mucho en común.

Muchos nos detenemos a mirar cuando pasamos al lado de un accidente o prestamos más atención a la pantalla cuando el comentarista dice: “Debemos advertirle que las siguientes imágenes pueden herir su sensibilidad…” Estas imágenes tan desafortunadas son como mirar dentro de un cuerpo herido para ver el alcance de los daños a todo color. No estoy diciendo que la rodilla de un corredor sea tan grave como las heridas de un accidentado, sólo que son mucho más similares de lo que creemos. Si pudiésemos ver en detalle los daños que hay “dentro” de ese dolor crónico de rodilla y el trauma por entrenamiento que lo instigó, nos quedaríamos horrorizados.

La Dra. Dudick se muestra de acuerdo. “Las lesiones deportivas, tanto agudas como crónicas, suelen ser silenciosas e invisibles, pero no son menos graves que una de esas espantosas heridas abiertas”, sostiene la doctora.

  1. Estrés mente-cuerpo.

Una característica común de todos los traumatismos es la inflamación. Cuando hay inflamación, es preciso descansar más y alimentarse mejor para favorecer la cicatrización. Ingerir grasas saludables de manera equilibrada ayuda al cuerpo a curarse más rápidamente. Igual de importante es evitar los carbohidratos refinados, que favorecen la inflamación. Sin la debida recuperación y sin una buena dieta, el estrés causado por el entrenamiento físico y el trauma derivado de la competición pueden volver disfuncional el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-suprarrenal) y alterar el equilibrio hormonal, la regulación del agua y los electrolitos, el equilibrio muscular y el ciclo del sueño, además de otros aspectos de la salud. Incluso un solo entrenamiento más allá de lo que el cuerpo puede tolerar puede ser lo suficientemente traumático como para generar un exceso de inflamación. Ejemplos de esto serían: entrenar a una frecuencia cardiaca demasiado elevada, entrenar durante demasiado tiempo o competir en exceso.

  1. Los traumatismos por entrenamiento son la bandera de la filosofía del “no pain, no gain”.

Nuestra sociedad se nutre del “cuanto más, mejor”: más millas, más intensidad, más carreras… Y todo esto suele dar lugar a más traumas, lesiones, mala salud y peor rendimiento físico.

En la actualidad, el ejercicio se ha convertido en una obligación más, una de tantas de la lista de cosas por hacer, lo cual sólo nos añade estrés y las consecuencias fisiológicas que este conlleva,” afirma la Dra. Dudick. ”

La doctora destaca que las rutinas de ejercicio modernas han sustituido al ejercicio natural que nuestros antepasados llevaban a cabo, tanto a través del movimiento natural como del trabajo físico que realizaban para vivir y sobrevivir.

“Para mejorar la condición física, debemos aplicar un enfoque holístico”, dice la doctora. “Correr en una cinta durante una hora nunca será comparable a cavar en un huerto durante esa misma hora.”

Dudick sostiene que el estrés físico que deriva de un estilo de vida natural —a diferencia del derivado de un entrenamiento repetitivo— supone una carga de trabajo más moderada y equilibrada, y también más variada. El entrenamiento, en cambio, nos conduce hacia la mentalidad de “más es mejor” y fomenta que la persona descanse menos y se recupere peor, lo cual acaba resultando en lesión.

“Es preciso que no pequemos de simplistas y pensemos que todo ejercicio físico es bueno para nosotros; necesitamos contemplar el ejercicio desde la perspectiva de cómo este mejora realmente nuestro bienestar”, recalca la Dra. Dudick.

  1. La fórmula del entrenamiento contribuye a equilibrar los traumas.

Entrenamos, descansamos y progresamos. Cuando hacemos demasiado ejercicio, o muy poco, y no descansamos lo suficiente, el daño se acumula. La fórmula que utilizo para enfatizar esto es bien sencilla:

Entrenamiento = trabajo + recuperación.

Una fórmula de entrenamiento desequilibrada lleva al sobreentrenamiento, que equivale a un daño físico, químico y mental-emocional.

  1. Recuperación total.

Recuperarse del entrenamiento y la competición significa no entrenar y dormir de 7 a 9 horas ininterrumpidas todas las noches. Porque es durante la recuperación cuando cosechamos los beneficios del entrenamiento. De lo contrario, incluso los microtraumas se convierten en traumas.

  1. El origen de la mayoría de las lesiones.

Hay numerosos deportistas atrapados en el círculo vicioso del traumatismo-lesión. Normalmente, la primera causa de las lesiones deportivas es algún tipo de traumatismo, e incluso microtrauma, sobre todo entre aquellos atletas que no están del todo sanos. Dicho traumatismo suele estar causado por un mal calzado, que puede dañar los pies y, a partir de estos, el resto del cuerpo. Otras causas, como la configuración de la bici o el desgaste de rodar por terreno irregular, pueden traumatizar músculos y articulaciones. Sobrecargar los músculos, o torcerse un tobillo o una rodilla —que a menudo es algo a lo que se está predispuesto debido a un trauma anterior— también puede contribuir a generar más problemas.

  1. No se cura con pastillas.

La aspirina y otros medicamentos AINE no constituyen un primer tratamiento ni una buena prevención para los traumatismos. Estos fármacos pueden reducir la inflamación y hacer que dejes de sentir el estrés que te has generado, pero también merman la curación física y química.

En lugar de medicarte, equilibra la salud y la forma física, y aplica la fórmula del entrenamiento: este es el mejor tratamiento y la mejor prevención para todos aquellos que buscamos salud y una buena condición física, además de un mayor rendimiento deportivo.

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